El parque motorizado oñatiarra sigue creciendo con 0,73 vehículos por persona, una proporción superior a la media estatal
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| Un coche de época en Urbia en 1925 cuando era un artículo de lujo y el aparcamiento escalonado de Arantzazu llenó de coches y autocaravanas en una jornada estival. EMMOA Y MARIAN |
Viernes, 10 de abril 2026, 20:44
Estos pasados días las procesiones de Semana Santa han estado sobre todo en el asfalto. Ha sido la primera gran escapada del año y quien más quien menos ha intentado desconectar de la rutina diaria. Y a pesar de la volatilidad en los precios de los carburantes, el coche sigue siendo el rey sobre todo en distancias cortas y medias. Cuestión que nos lleva a preguntar cuál es el parque móvil oñatiarra.
La respuesta hay que buscarla en el padrón que refleja los cambios, bajas o nuevas matriculaciones y la gestión de IVTM, impuesto que el Ayuntamiento cobra basado en el domicilio del permiso de circulación. Según lo datos facilitados en Oñati hay 8.385 vehículos motorizados, de los cuales 7.000 son automóviles.
Eso supone que en Oñati hay 733 vehículos (coches, motos, autocaravanas, tractores, camiones...) por cada 1.000 habitantes o lo que es lo mismo 0,73 vehículos por persona, una proporción significativamente superior a la media estatal que ronda los 637 vehículos por cada 1.000 habitantes.
El transporte público siempre ha sido un problema es Oñati y quiza esté detrás de esa cifra que marca la dependencia de las y los oñatiarras del vehículo privado.
Una avería anecdótica
Parece mentira que a principios del siglo XX, en 1.908, solo hubiera un coche en el municipio. Dato que conocemos porque ese año se celebró en Oñati un Raid automovilístico que causó expectación al atraer a la villa 38 joyas del asfalto y en su ilustre comitiva a los recién esposados Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
La curiosidad que despertaban por aquel entonces los coches, un artículo de lujo que solo podían comprar unos pocos potentados, y el hecho de que en la prueba participaran los Reyes, hizo que Oñati se convirtiera en punto de atención internacional.
Pero al margen de la crónica social (la exhibición, el banquete, la exhibición de bailes) la anécdota que nos permite saber que entonces solo había un coche de Oñati es una avería.
Tras la representación folclórica, los Reyes tomaron camino a Arantzazu con su flamante Hispano-Suiza y, según las crónicas, tuvieron que ser remolcados, al estropearse el coche en la cuesta de Gastiasoro.
Uno de los ministros que debían acompañar al Rey en su regreso a San Sebastián no pudo salir de Oñati, por lo que, se requirieron los servicios del único coche existente en la villa, propiedad de Juan Garay, que fue conducido por el primer chófer oñatiarra, Fermín Corcostegui, quien obtuvo dicho título con un cursillo en la FIAT, en el mismísimo Milán.
De artículo de lujo a necesidad
Casi un siglo después el automóvil se ha hecho imprescindible en la vida de los bisnietos y tataranietos de aquellos oñatiarras que admiraban la caravana, la belleza de unos coches que parecían de juguete.
Tener un automóvil entonces era como tener un avión privado en la actualidad. Un lujo y un espectáculo del que queda constancia en el legado del fondo Zubia, del archivo municipal.
La percepción del automóvil ha experimentado una transformación significativa desde entonces, pasando de ser considerado un artículo de lujo o un símbolo de estatus a una necesidad básica para la vida cotidiana de muchas familias, especialmente para desplazarse al trabajo.
Y casualidades de la vida ese año 1908 en el que el Raid o Caravana Automovística San Sebastián-Oñati sorprendía a los y las oñatiarras de la época que no había visto nada igual, llegaba al mundo el Ford Model T, el vehículo que según la historia del automóbil lo cambió todo, revolucionando la industria con la implantación del trabajo en cadena y poniendo al mundo sobre ruedas.



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