¿Qué fue de la ermita de San Antón?
Se derruyó en 1862 y la piedra sobre la que se asentaba la capilla, se utilizó en el frontón y los arcos de la plaza
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| La calle San Antón, que en la actualidad se caracteriza por su firme adoquinado, tuvo en su día una ermita que fue derruida en 1862. MARIAN |
Jueves, 15 de enero 2026, 21:44
La celebración mañana de San Antonio Abad o de San Antón (protector de los animales y patrón de los ganaderos) es la excusa perfecta para indagar en la historia de una calle que debe su nombre a una ermita que fue derruida hace más de 160 años, concretamente en 1862.
Los más veteranos de la histórica calle igual recuerdan los relatos que sobre este pequeño templo, que se emplazaba cerca de Aitzekua, escuchaban a sus mayores. Pero para el común de los oñatiarras, San Antón es sinónimo de adoquines. Ni remota idea de aquella ermita de la que se tienen noticias ya en 1481.
Una pequeña capilla que fue levantada sobre un gran peñasco y que albergaba un altar dedicado a Santa Águeda, por aquel entonces muy venerada en Oñati, y a la que se le guardaba fiesta y atribuían milagros.
Su final comenzó a escribirse en 1858, aunque en otras ocasiones ya estuvo en la cuerda floja. Las extracciones realizadas en el peñasco sobre el que se asentaba la ermita, con el fin de destinar la piedra al nuevo frontón de la plaza, agrietaron al parecer el edificio.
Y finalmente en 1862, dado el estado ruinoso de los lienzos de la pared y parte del tejado, se decretó su demolición. La roca también fue derruida y la piedra que se sacó de él se utilizó en el frontón, los arcos de la Plaza y la actual plazuela de San Antón, así que no faltan recuerdos de la ermita en distintos puntos del casco histórico.
Referencias desde 1481
Lo cierto es que según recogía el historiador Iñaki Zumalde en 'Miscelánea histórica sobre Oñati', la ermita estuvo a punto de desaparecer en más de una ocasión. Así, un libro de actas recoge como «en 1697 se hizo un arreglo general gracias a las limosnas de muchos vecinos de buen celo y bienhechores». Más tarde, en una propuesta del Ayuntamiento de 1769 para la supresión de varias ermitas, la de San Antón fue incluida. Sin embargo el obispo autorizó su reapertura el 18 de abril de 1770.
Otro documento de 1825 citado por Zumalde recoge la petición de Juan Cruz de Arrazola al ayuntamiento solicitando permiso «para levantar la tejavana construida anteriormente contigua a la ermita». Restauración para la que según las mismas fuentes se usaron en 1841 las tejas salvadas del incendiado Santuario de Arantzazu. Pero, finalmente, debido a su mal estado fue derruida en 1862 y de su existencia ya solo queda constancia en los archivos y los libros de historia.

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